¿quién soy para ti?

by Romualdo on 02.03.2010

Jesús amado… cuando me pidieron que hiciera este “ejercicio” pensé que ya sabía los resultados… y es que ya tenía una idea pre hecha de cómo-me-ve-Dios… no sé, tal vez los estudios de teología… o los emails contestando preguntas… pero identificaba las tres Personas Divinas y mi relación con ellas con su “misión”… Padre-Creador, Hijo-Redentor, Espíritu-Santificador… pero no se trata de una correspondencia preestablecida, sino una relación íntima y personal con cada uno de Ustedes… cada uno es Amor… y los Tres aman de una forma que es a la vez perfecta, única e individual…

Señor mío… la imagen del Padre misericordioso que sale al encuentro del hijo pródigo siempre fue fascinante para mí… saber que el Padre ni siquiera escuchó las súplicas de perdón del hijo, bastó con verlo llegar humilde y arrepentido por su horrible falta… el Padre que no sólo olvida y perdona, sino que Ama profunda y totalmente… nada más importa, sino la reunión con aquel que antes estaba muerto y ahora ha vuelto a la vida… con aquel que estaba perdido y ha sido hallado…

Hijo mío, por años viviste como el hijo pródigo… ¿Sabes que tú eres heredero del Reino que Jesús anunció? Pues hiciste como el hijo menor de la parábola, tomaste tu parte de la herencia y te marchaste a despilfarrarla por el mundo. Viviste alejado de mí, al menos eso pensabas tú. Y llegó un momento en que caíste y caíste y caíste… una sola palabra tuya hubiera bastado, pero te rehusabas a volver a casa. Hasta que una noche, ¿recuerdas aquella noche? Una noche abriste tu corazón por un instante. Fue sólo un segundo, pero eso bastó para que te alcanzara mi gracia.

Y decidiste volver. ¡Fui yo quien puso el deseo en tu corazón! Te esperaba con los brazos abiertos y corrí a tu encuentro. ¡Ah, si me hubieras visto correr! Tal vez tú no te diste cuenta, pero hicimos una gran fiesta en el cielo cuando regresaste y desde entonces no hemos dejado de celebrar. ¿Qué has caído muchas veces después de eso? ¡Pero cuál de mis hijos no cae! Lo importante es que tengas el deseo de levantarte nuevamente… y que me permitas ayudarte a retomar el camino. Recuerda que soy tu Padre y que mi mirada está siempre puesta sobre ti. Solo tienes que alzar la vista al cielo y dejarte amar por mí.

Tu Padre

Mi buen Jesús… ¿qué decirte de la respuesta del Espíritu Santo? De verdad que no puedo describirte mi sorpresa… ¡que tonto soy, si Tú sabes cómo me sentí en ese momento! Es que siempre pensamos en Él como el “Abogado”, el “Paráclito”, el “Consolador”… y la verdad es que no entendemos lo que esas palabras significan para nosotros… o las imágenes de la paloma o las lenguas de fuego, nos cuesta relacionarnos con ellas… pero es el Amor entre Tú y el Padre que vive en mí y me impulsa a ser mejor… ¡qué me impulsa a querer parecerme a Ti!

Tantas veces te has referido a mí como el “gran desconocido” que a veces de verdad piensas que no me conoces. Pero en realidad, yo soy quien está más cerca de ti, quien mejor te conoce y quien más te ama. Romualdo, yo soy Amor. Amor perfecto entre el Padre y el Hijo, que se desborda de sus corazones para derramarse sobre ti. Por eso no tienes que “conocerme” sino sentirme y dejarme actuar en tu vida.

¿Quién eres para mí? ¿Es que acaso no lo sabes? Eres el templo vivo donde hábito, donde tengo mi morada y donde me siento más a gusto. Eres el instrumento donde toco la más hermosa de las melodías y a través del cual derramo mis dones a tus hermanos. Eres discípulo y maestro, consolación y consolado, acaudalado y mendigo. Eres vida nueva, esperanza y renuevo de fe. ¿Quién eres para mí? Romualdo… tú eres imagen de Jesús.

Espíritu Santo

Bueno, solamente faltas Tú…¿quién soy para Ti, Señor?… ¿cómo ves a este siervo inútil que se empeña en querer hablar contigo? Ha llegado el momento de escuchar tu respuesta, así que haré silencio para que puedas hablarle a mi corazón… “habla Señor, que tu siervo escucha”…

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Jesús 02.04.10 at 1:47 am

Mi querido Romualdo,

No te has dado cuenta, pero nuestra relación ha ido profundizándose con el pasar del tiempo. Hace unos años, cuando tu corazón aún estabas lejos, tú eras la oveja perdida y yo el buen Pastor. Una noche salí a tu encuentro, te cargué sobre mis hombros y te traje de vuelta a mi redil. Esa es la noche de esa gracias especial de la cuál te hablaba mi Padre.

Por meses te cuidé y fui sanando tus heridas… ¿recuerdas aquellas raíces de amargura que tenías y todo lo que tenías que perdonar? Poco a poco, según fuiste sanando, comenzaste a perdonar y puse paz en tu corazón. En esa etapa yo era el médico y tú, el paciente que necesitaba mi atención.

Durante los últimos años he ido mostrándote una senda nueva, un camino que quería recorriéramos juntos. Te he ido instruyendo en mis cosas como el maestro que le enseña a su discípulo. Desperté en ti sed y hambre de mí, de mi compañía, de mi palabra, de ese querer hacer mi voluntad.

Hoy, mi querido amigo, comienza una nueva ruta para los dos. Ya no serás más la oveja perdida, ni el enfermo necesitado de médico, ni el discípulo que espera ser instruido… Desde hoy seré tu amigo, ese amigo a quien se le puede decir todo y que siempre tiene una palabra para ti. Ese amigo que es capaz de dar su vida por ti, y que espera que tú estés también dispuesto a darla por mí.

No te preocupes, sumérgete en mi amor y déjate llenar por mí.

Hasta mañana,

Jesús

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