Nuevos artículos

Archivo

Archivado bajo November, 2008

dando gracias

Thursday, November 27th, 2008

Mi amado Jesús… sabes que hace tiempo comprendí que todo en mi vida proviene de Ti… por eso cada uno de mis días comienza y termina dándote gracias por mi vida y todo lo que me rodea y sucede… cómo dice San Pablo: «en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman» (Romanos 8, 28)

De todos los días, hemos separado uno en especial… para que todos los hombres, unidos como comunidad de fe, demos gracias por todo lo que Tú nos das… pero, sobre todo, un día donde recordemos que hay otros menos afortunados que nosotros… que hay otros que pasan hambre y sed… que no tienen un techo que los cobije… o una mano amiga que los ayude… y conscientes de sus necesidades, nos comprometamos a hacerte presente en medio de ellos…

Señor y Dios mío… en esta alabanza te entrego todo lo que soy y tengo, pues me viene por tu Gracia y tu Misericordia… y te ruego, que el día de mañana – y todos los días de mi vida – pueda ser instrumento tuyo para aliviar la carga de mis hermanos más necesitados…

Audio clip: Adobe Flash Player (version 6 or above) is required to play this audio clip. You also need to have JavaScript enabled in your browser.

GRACIAS
Brotes de Olivo

Hoy, Señor, te daré las gracias por mi vivir,
por la tierra y mis amigos, porque siempre fui feliz.

Por el tronco en que nací y la savia que encontré
y los brotes que nacieron portadores de tu fe.

Por las veces que caí y las que me levanté,
porque siempre en ellas vi el amor de tu poder.

Por lo bueno que viví y en lo que sentí dolor,
siempre en todo yo te vi, te doy gracias, Señor.

huesos secos

Friday, November 14th, 2008

Mi adorado Jesús… sabes cómo me he sentido últimamente… sabes mis cargas… y sabes que sólo Tú puedes aliviarlas… sabes cómo añoro encontrar Paz, esa Paz que sólo puede encontrarse entre tus brazos… sin embargo, mientras más te anhelo y más te busco… más parece que me alejo de Ti… Señor, ¡cuánto te necesito!!!… ¡cuánto!!!

Por eso hoy, cuando leía las Escrituras, sentí que las palabras de Ezequiel eran también para mí… al igual que el pueblo de Israel en su destierro, yo también siento secos mis huesos… yo también siento que se desvanece la esperanza… y que se acaba la fe… pero después de leer esta lectura, comprendo que nada es imposible para Ti… que Tú eres el Dueño y Señor de TODO… y que ante el soplo de tu Espíritu, hasta el más seco de los corazones puede renacer y tener vida…

La mano de Yahvé fue sobre mí y, por su espíritu, Yahvé me sacó y me puso en medio de la vega, la cual estaba llena de huesos. Me hizo pasar por entre ellos en todas las direcciones. Los huesos eran muy numerosos por el suelo de la vega, y estaban completamente secos.
Me dijo:
- «Hijo de hombre, ¿podrán vivir estos huesos?»
Yo dije:
- «Señor Yahvé, tú lo sabes.»
Entonces me dijo:
- «Profetiza sobre estos huesos. Les dirás: Huesos secos, escuchad la palabra de Yahvé. Así dice el Señor Yahvé a estos huesos: He aquí que yo voy a hacer entrar el espíritu en vosotros, y viviréis. Os cubriré de nervios, haré crecer sobre vosotros la carne, os cubriré de piel, os infundiré espíritu y viviréis; y sabréis que yo soy Yahvé.»
Yo profeticé como se me había ordenado, y mientras yo profetizaba se produjo un ruido. Hubo un estremecimiento, y los huesos se juntaron unos con otros. Miré y vi que estaban recubiertos de nervios, la carne salía y la piel se extendía por encima, pero no había espíritu en ellos.
Él me dijo:
- «Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre. Dirás al espíritu: Así dice el Señor Yahvé: Ven, espíritu, de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos para que vivan.»
Yo profeticé como se me había ordenado, y el espíritu entró en ellos; revivieron y se incorporaron sobre sus pies: era un enorme, inmenso ejército.
Entonces me dijo:
- «Hijo de hombre, estos huesos son toda la casa de Israel. Ellos andan diciendo: Se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, todo ha acabado para nosotros. Por eso, profetiza. Les dirás: Así dice el Señor Yahvé: He aquí que yo abro vuestras tumbas; os haré salir de vuestras tumbas, pueblo mío, y os llevaré de nuevo al suelo de Israel. Sabréis que yo soy Yahvé cuando abra vuestras tumbas y os haga salir de vuestras tumbas, pueblo mío. Infundiré mi espíritu en vosotros y viviréis; os estableceré en vuestro suelo, y sabréis que yo, Yahvé, lo digo y lo haga, oráculo de Yahvé.»

Ezequiel 37, 1-14

Señor y Dios mío… en esta noche te ruego que infundas nueva vida a los huesos secos de mi alma y de mi corazón… sopla tu Espíritu sobre mí… tu Espíritu que restaura y renueva… que alienta y anima… que levanta y fortalece… has de mí una criatura nueva…

Mi buen Jesús… sé que no merezco siquiera que te fijes en mí… mucho menos esto que te pido… pero me postro ante Ti con confianza… sabiendo que tu Misericordia es mayor que mi miseria… y que tu Amor es más fuerte que mi ingratitud… por eso, mi Señor, no sólo pido tu favor y tu gracia, sino que imploro me concedas un corazón manso y humilde como el Tuyo… un alma paciente, generosa y sumisa, como la de tu Madre María… y el privilegio inmerecido de contarme entre los más pequeños e insignificantes de tus siervos…

Prometo, mi Señor… poner lo que esté a mi alcance, agarrándome fuertemente de tu gracia, para no ofenderte más y nunca apartarme de tu lado… amén.