por aquellos que se han separado de Tu Iglesia
Jesús mío… perdona por la descarga de ayer, pero Tú sabes que hay días más difíciles que otros… gracias por comprenderme… y por el regalo que me hiciste hoy en la capilla… ¡pasamos casi una hora solos: Tú y yo!!!… aunque siempre me resulta fácil hablar contigo… días como hoy, que puedo hablarte en voz alta y acercarme a Tu altar, son muy especiales para mí…
En esta noche te presento la intención para el quinto día de la Novena: las almas de los hermanos que se han separado de Tu Iglesia…
Como dice San Pablo: todos somos miembros de un mismo Cuerpo: la Iglesia… pero no cualquier iglesia… sino de esa Iglesia que Tú fundaste sobre la roca de Pedro y los Apóstoles… por eso, cada vez que uno de estos hermanos se aleja de Tu Iglesia… desgarra Tu Cuerpo… ¡te desgarra a Ti!
Amadísimo Jesús… Tú sabes que no es su culpa… Tú sabes que muchos se han dejado seducir por doctrinas más fáciles… ya sea por desconocimiento… por ingenuidad… o por pereza… pero ellos piensan que aún te siguen a Ti… y yo sé en mi corazón que Tú no los dejas solos a donde han ido… pero se han privado de Tus Sacramentos y de todas las gracias que Tú dispensas a través de ellos… te ruego que abras sus corazones y les dejes ver su error… para que amándote como te aman, busquen volver al lugar que Tú separaste para ellos…
También te presento aquellos que por ambición, por envidia o por soberbia han cerrado sus corazones a la dirección del Espíritu Santo… y han decidido seguir un camino distinto al de Tu Iglesia… te pido que sanes esas heridas que llevan dentro y los llames de vuelta a Tu redil…
Pero, de una manera muy especial… quiero pedirte por aquellos que a conciencia de su error, calumnian y ultrajan a Tu Iglesia… Tu Palabra… Tus santos… Tus sacerdotes… y sobre todo, a Tu Madre, la Santísima Virgen María…
Compasivísimo Jesús mió, te suplico que envíes sobre ellos el Espíritu de Verdad… y les concedas el don de Temor de Dios… transforma sus corazones de piedra en corazones de carne… y ayúdalos para que con un corazón manso y humilde puedan reconocer su error… y nazca en ellos el deseo de regresar a Tu Casa…
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Esto te lo pido por Tu Dolorosa Pasión,
y Tu Sangre preciosa derramada en la Cruz…
¡Jesús… yo confío en Ti!






