abrir las puertas y romper las cadenas
Amadísimo Jesús… sé que hace unos días que no te escribo… pero Tú sabes que me siento cansado y falto de inspiración… es como si me hubiera quedado seco de momento… como si no encontrara el camino hacia Ti…
Durante este día he estado pensando en la reflexión al Espíritu Santo que leí esta mañana… y cómo a veces hace falta la sacudida de un terremoto para poder abrir el corazón a su acción… para que con su sacudida, el Espíritu Santo pueda “abrir nuestras puertas y romper nuestras cadenas”…
Sé que durante estos últimos cinco años has hecho muchos cambios en mí… tan así que cuando miro hacia atrás, no entiendo cómo pude vivir la vida que viví… tan lejos de Ti… tan apartado de tu Amor y tu Misericordia…
Por eso, en esta noche quiero darte gracias por todos esos “terremotos” que he encontrado a lo largo de mi vida… porque cada uno de ellos me iba acercando un poco más a Ti… porque con cada sacudida, me iba despojando del “hombre viejo” para que el Espíritu Santo fuera formando una nueva criatura en mí…
Te doy gracias por tu Madre Santísima… porque sé que ella me acompañó en los momentos que más perdido y más solo me encontraba… y porque sé que sigue a mi lado, cuidándome y guiándome hacia Ti…
Por último, mi Señor y mi Dios… no sé cuál es el propósito de esta sequedad… pero confío en Ti y en Tu Providencia… y te ruego que me des la fortaleza para enfrentar las pruebas y tormentas que Tú permitas… la perseverancia para seguir adelante, no importa que tan arduo parezca el camino… la paciencia para esperar en Ti y en Tu Misericordia… y la sabiduría para dentro de cada situación o problema, aprender a amarte cada día más…
Por todo… ¡muchas gracias, Señor!






