a quien más ama, más se le perdona
Amadísimo Jesús… en este día celebramos la Fiesta de la Divina Misericordia, refugio y amparo para todas las almas… especialmente, para los pobres pecadores… Tú le dijiste a Santa Faustina que Tu Misericordia es la última tabla de salvación para esta humanidad que se encuentra tan alejada de Ti… por eso prometiste que hoy estarían abiertas las entrañas de Tu Misericordiosísimo Corazón… y que derramarías gracias incontables a todas las almas que se acerquen confiadas a Ti…
Por eso hoy, mientras conversaba contigo durante la Comunión… pensaba en las Palabras que le dijiste a Simón, el fariseo que te invitó a su casa a comer… estando allí con ellos, llegó una mujer, pecadora pública, y echándose a Tus pies, los mojaba con sus lágrimas y los secaba con sus cabellos, los besaba y los ungía con perfume… y Tú, Señor… al reproche de aquellos hombres… les dijiste que a quien más ama, más se le perdona… y perdonaste a la mujer de todos sus pecados, porque había mostrado mucho amor…
Señor y Dios mío… reconozco que soy un pecador indigno de Ti… y que sólo puedo ofrecerte mi humanidad… mis flaquezas y mis debilidades… mis faltas y mis pecados… y que si existe algo digno en mí, es sólo porque Tú lo has inspirado… lo has nutrido… y lo has hecho germinar… Te ruego… ten Misericordia de este pobre pecador que se acerca hasta Ti… y quisiera, amado Jesús, poder hacer como la mujer en la casa del fariseo… quisiera lavar Tus pies con mis lágrimas… y besarlos… y ungirlos con perfume…
Sé que mi amor no es como el de ella… por eso te pido, aviva el fuego que arde en mi corazón… y pon en mi alma el deseo de amarte más… de amarte con todas mis fuerzas… de amarte hasta no poder amar más… y en medio de ese amor… acógeme en Tu Misericordiosísimo Corazón y nunca me dejes escapar de Él…
¡Jesús… yo confío en Ti!




