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¡ya estás por llegar!

Friday, December 22nd, 2006

Mi querido Jesús… sólo faltan dos días para Tu llegada… y esta mañana, mientras conducía de camino a la oficina, trataba de imaginarme esos últimos días de camino antes de que San José y la Virgen María llegaran a Belén… ¿qué pensarían?… ¿qué sentirían en su corazón?…

¿Sabes?… me los imaginaba hablando y preguntándose cómo serías… cómo sería Tu rostro… cómo serían Tus manitos… cómo sería Tu risa… Podía sentir la alegría que iba aumentando en sus corazones… a pesar del cansancio del viaje… sus corazones palpitaban de amor por Ti… la ilusión de un hijo… que se sumaba al gozo inmenso de saber que Tú serías el Mesías… el Salvador… el Hijo de Dios…

Imaginaba lo que sería saber cumplidas las promesas de Dios… esa espera de todo un pueblo que por siglos aguardaba Tu llegada… ¡es Dios que viene a nuestro encuentro… que viene a salvarnos!… y María, que se sabe parte de esa salvación… que con su fe, su humildad y su obediencia Te acogió en su ser… y como vaso purísimo e inmaculado, por nueve meses te guardó, te cuidó, te mimó… y ya el día está cerca… para ver, cara a cara, el rostro de Dios…

E imaginaba a María… cuando hablaba con José… y le decía cómo era posible que Tú los hubiera escogido a ellos… el Dios Altísimo… el Rey de reyes… el Señor de señores… teniéndolo todo, escogiste nacer en una humilde familia… en la más pobre de las pobres… donde el único tesoro era el amor que podían darte… y entre la alegría y el gozo, de pronto se coló una tristeza… ya estabas por nacer… sólo era cuestión de horas… y no tenían nada que ofrecerte… nada… solamente su pobreza… y una lluvia de besos con que cubrirte al nacer…

Pero María confiaba… eso sería suficiente… bien lo dijo el ángel: «nada es imposible para Dios»… y si Tú lo habías querido así, quién era ella para querer algo distinto… así que miró a José… y con una hermosa sonrisa en sus labios… volvió a decirte que «sí»

Señor… hoy también me pregunto: ¿qué tengo yo para ofrecerte?… ¿me habré preparado lo suficiente?… ¿encontrarás en mi corazón un humilde pesebre donde recostarte?… ¿podré cubrirte con una lluvia de besos al llegar?… y como Mamá María, sólo puedo confiar:

¡Tú lo puedes TODO… y ya estás por llegar!

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