una chispita del fuego de Tu Amor…
Hoy, mientras estaba en la capilla haciendo mi turno de adoración, te miraba en la custodia y pensaba en como Tú, siendo Dios, te has hecho pequeñito para estar conmigo… ¡Es maravilloso, Señor!… Tú, el Mesías… el Cristo… el Hijo de Dios… te haces pan para alimentar mi alma y darme vida eterna… Tú, el Rey de reyes y Señor de señores… te apocas como hiciste hace dos mil años en Belén, para estar cerca de mí… ¡cerca de un pecador indigno como yo!… Gracias mi Señor, mil gracias…
¿Sabes?… mirarte en la Eucaristía me hace reflexionar sobre mi forma de ser… en como a veces me siento autosuficiente… en como me pienso “grande”, importante… aunque sólo sea por un momento, aunque tan sólo sea una idea… aunque enseguida recapacite y vuelva a la realidad… ¡que falta de conciencia de mi parte!… la realidad es que no soy nada, Señor… el más pequeño e insignificante de tus siervos… el más indigno… el que menos merezco estar ante Ti… sin embargo, ¡Tú me has llamado a mí para estar en Tu Presencia!… esto es a lo que se refería Iván cuando hablaba del “misterio de predilección”…
Señor… estoy conciente que no merezco todo el amor y la misericordia que derramas sobre mí… estoy conciente de que no soy digno de Ti… pero me siento feliz de que a pesar de todo esto, Tú me amas… Tú me amas con Amor eterno… me amas con el Amor de Dios… con el Amor redentor… con el Amor que transforma, que libera y que salva…
Esta noche, mi amado Jesús… quiero pedirte la gracia de poder amarte con todo mi corazón, con toda mi alma, con todas mis fuerzas… de poder amarte más que todos los santos… de poder amarte con el amor de Tu Santísima Madre… concédeme una chispita de ese fuego ardiente que abrasa Tu Corazón… para que inflamado por Tu Amor, pueda amarte como Tú mereces ser amado…
Buenas noches, mi amado Jesús…




