descansando en Ti…
Hoy, como todos los martes, estuve a verte y a pasar un rato contigo… la verdad es que si no fuera por estas tres horas que paso en Tu presencia, no sé cómo podría completar la semana… y hoy sé que te sentías feliz, pues había varias personas… y a Ti que te gusta tener la “casa” llena… ¡si ellos pudieran comprender todas las gracias que reciben en ese ratito!… ¡si tan sólo se dieran cuenta de que eres Tú quien los llama a Tu presencia!… no dudarían en comprometerse a pasar aunque tan sólo sea una hora a la semana… ¡pero qué mucho nos cuesta!!!
¿Sabes?… hoy, mientras te miraba en la custodia… tan frágil e indefenso… pensaba en lo que debe haber sentido la Virgen al tomarte por primera vez en sus brazos… esa primera caricia… y el primer beso… ¡cuánta alegría debe haber sentido!… y San José… ¡cuánto regocijo de saber que el Mesías esperado había nacido y estaba allí… el Hijo de Dios… el Salvador había llegado!
Señor… y mientras pensaba en esto comprendí cuánto amabas a María y a José… cuánta confianza tenías en ellos y en el amor que ellos sentían por Ti… en aquella noche… en aquel pesebre… te pusiste en sus manos y les entregaste Tu humanidad… para que ellos cuidaran de Ti… velaran Tu sueño… y te proveyeran el sustento…
Señor… si Tú, siendo Dios, te pusiste en las manos de María y de José… ¿por qué a nosotros nos cuesta tanto ponernos en Tus manos?… ¿por qué no podemos confiar en Ti?… ¿en el amor qué Tú nos tienes?… No hay lugar más tierno y más seguro que tu Sacratísimo Corazón… desde hoy te prometo abandonarme en Ti… confiar en Ti… descansar en Ti… y te ruego… no permitas que jamás me separe de Ti…




