un chispa de la llama ardiente de Tu Amor…
Mi buen Jesús… esta noche, cuando estaba en Misa, pensaba en Santa Margarita María Alacoque y en cómo ella se sentía indigna de que Tú la hubieras escogido para propagar la devoción a tu Sagrado Corazón… pensaba que si ella, que te había entregado su vida por completo y que era una santita desde muy niña, era indigna de que Tú te fijaras en ella… entonces, ¿qué podía esperar un miserable pecador como yo?…
Más, sin embargo, hoy, durante la comunión, te sentía tan cerca… tan presente… tan vivo… más allá de “saber” que Tú estás allí, hoy podía sentirte… Señor… yo no merezco todo lo que me has dado en los últimos años… un pecador como yo, que viví tanto tiempo lejos de Ti… sin contar contigo… creyendo que podía vivir mi vida solo… y Tú, mi amado Jesús, no sólo me abriste los brazos para recibirme, sino que derramaste Tu Amor y Tu Paz sobre mí sin tener en cuenta mi vida pasada… y durante estos últimos años, por más que me esfuerzo… por más que trato… por más empeño que pongo… no logro amarte como Tú te mereces ser amado…
Amadísimo Jesús… en esta noche te prometo seguir esforzándome más… haciéndome cada día más pequeño ante Ti… confiando cada día más en Ti y en la bondad de Tu Sacratísimo Corazón… Te ruego, mi Señor y mi Dios… si algún día llego a alcanzar gracia delante de Ti… te dignes a regalarme, como a Santa Margarita María, un chispita de la Llama ardiente que inflama Tu Sagrado Corazón… para así llegar a amarte sin límites ni medida…
Sagrado Corazón de Jesús…
¡en Vos confío!




