la oración de Jesús…
Señor Jesús, Hijo de Dios…
ten compasión de mí, pecador…
Amado Jesús… hace ya varias semanas que repito esta oración como parte de la clase de espiritualidad… ¿Sabes?, no dejo de maravillarme en la forma en que Tú obras… cuando me apunte para tomarla, no sabía que parte de esta clase se basaría en esta oración… pero ahora comprendo que Tú quieres que me adentre en esta oración desde hace mucho, mucho tiempo… y la verdad es que, aunque me la has pedido antes, nunca le puse el suficiente empeño…
Recuerdo que cuando comencé a acercarme a Ti, siempre me llamó la atención el pasaje del ciego Bartimeo… no sé, tal vez por el grito suplicante de mi corazón que también buscaba desesperadamente que Tú te fijaras en mí: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!» (Lucas 18,38)… así que el grito de Bartimeo se convirtió también en el mío por mucho tiempo… Hay que ver que los hombres somos tontos, ¡si Tú siempre te fijas, somos nosotros los que apartamos nuestra mirada de Ti!…
Después, recuerdo que ya teniendo tengoseddeti.org, un día recibí un email de Raúl Cuevas donde me invitaba a leer “El Peregrino Ruso”… Señor, lo leí y entendí que querías que hiciera la oración… que al igual que había pasado con Bartimeo, Tú querías que la hiciera mía… y la hice por un tiempo, ¡Tú sabes que traté!… pero no entendía como llevar esta oración del intelecto al corazón…
Luego la clase que dio el Hermano David… ni siquiera saqué el tiempo para tomarla… pensé que si ya había leído “El Peregrino Ruso” y “La Filocalia”, ¿qué más podía sacar de allí?… ¡Qué equivocado estaba!… pero gracias, Señor, porque ahora vuelves a darme otra oportunidad para que profundice en esta oración… y ahora comprendo que si Tú me estás insistiendo tanto, es porque esta oración es importante para mí…
Señor Jesús, Hijo de Dios…
ten compasión de mí, pecador…
Con esta oración, al igual que Bartimeo, te reconozco como mi Señor y mi Dios… Rey de reyes, y Señor de señores… te acepto como el Mesías prometido que ha venido ha redimirme… me entrego a Ti como el Buen Pastor que quiere guiarme de vuelta al redil… y te escucho como el Maestro que me revela el rostro misericordioso del Padre…
Y viéndote en Tu gloria y majestad… me hago consciente de mi pequeñez… de mi condición pecadora e indigna… y entiendo que sin Ti, nada soy… nada puedo hacer… nada puedo alcanzar… entonces, desde ahí, desde mi miseria, vuelvo mi corazón a Ti y como el ciego Bartimeo clamo a Tu Misericordia…
Señor Jesús, Hijo de Dios…
ten compasión de mí, pecador…
Bendito seas, Señor, porque has querido revelarme el secreto de esta oración… gracias mi amado Jesús… bendito, alabado y glorificado seas… amén…




