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Gracias por posar tu mirada en mí, Señor…

Monday, October 9th, 2006

Mi amado Jesús… hoy hablaba con Mamá y le decía lo bonito que sería poder poner algún artículo o reflexión nuevo cada día en Apuntes del camino… Tú sabes, como es el “mes del Rosario”, sé que a Mamá le gustaría vernos a todos sus hijos unidos en oración frente a Ti… ¡el problema es que el tiempo no alcanza para todas las cosas que quisiera hacer!…

Pero cuando llegué a casa, mientras trabajaba en la Hoja Parroquial del próximo domingo, puse algo de música comenzó a tocar una canción del grupo “Jaire” que me gusta mucho, María mírame… y recordé que esa canción está inspirada en una oración de Padre Alberto Hurtado… perdón, ¡“San” Alberto Hurtado!… es que es tan reciente su canonización (precisamente el 23 de octubre se cumple un año) que se me olvida y le llamó “beato” o simplemente Padre Alberto Hurtado… aunque, para decir verdad, a alguien tan humilde como él no le debe importar mucho cómo le llamemos, después que el mencionar su nombre nos lleve a pensar en Ti…

Bueno, la cosa es que busqué la oración, y subí las dos – oración y canción – a Apuntes del camino… ¿Sabes algo?, quisiera poder ser un poquito como Padre Alberto… tanta humildad… tanta confianza… tanta entrega… tanto amor… es como un pequeño niño que se agarra muy fuerte a la mano de su madre, para que esta lo lleve a los brazos de su padre… «debemos hacernos como niños», nos dices en el Evangelio…

Señor… te doy gracias por dejarme en los brazos de la Santísima Virgen María… gracias por dejar que sea ella quien me guíe hacia Ti, quien me dirija, quien me acompañe… gracias por que sé que Tú tienes tu mirada puesta en mí… y junto a María, yo también la tengo fija en Ti…

¡Madre mía querida y muy querida!

Ahora que ves en tus brazos a este Niño bellísimo y dulcísimo, no te olvides de este esclavito indigno. Aunque sea por compasión, mírame. Ya sé que te cuesta apartar los ojos de Jesusito para ponerlos en mis miserias.

Pero, Madre, si tú no me miras, ¿cómo se disiparán mis penas? Si tú no te vuelves hacia mi rincón, ¿quién se acordará de mí? Si tú no me miras, Jesús que tiene sus ojitos clavados en los tuyos, no me mirará.

Si tú me miras, Él seguirá tu mirada y me verá. Y entonces, con que le digas: “¡Pobrecito! Necesita nuestra ayuda”, Jesús me atraerá a sí y me bendecirá y lo amaré, y me dará fuerza y alegría, y confianza y desprendimiento, y me llenará de su amor y de tu amor, y trabajaré mucho por Él y por Ti, y haré que todos os amen y amándote se salvarán.

Padre Alberto Hurtado

San Alberto… gracias por dejarnos esta hermosa oración… y por ese maravilloso ejemplo de amor y confianza en nuestra Madre del cielo y en su amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo…

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