necesito más de Ti…
Señor… ya es tarde, pero no quiero acostarme esta noche sin dirigirme a Ti aunque sea un momento… Hoy, cuando estaba contigo en la Capilla Santa Rosalía, veía como nos mirabas desde la custodia… fue entonces cuando me fijé en el crucifijo que está detrás de Ti, en la pared… es curioso, pero nunca me había fijado en el crucifijo antes… y mirándote a Ti y al crucifijo, recordé la historia del niñito que quería hacer la primera comunión… el sacerdote, para ver si estaba preparado, señaló un crucifijo detrás del altar y le pregunta quién estaba allí… el pequeño contestó: ¡Jesús!… entonces el sacerdote señaló el sagrario y le pregunta quién estaba allí… el pequeño volvió a contestar: ¡Jesús!… así que el sacerdote le cuestiona que Tú no podías estar en “dos lugares”… y el pequeño niño, llenándose de paciencia le dice: voy a explicarle… allí (señalando el crucifijo) parece que está, pero no está… y allí (señalando el sagrario) parece que no está, pero ahí sí que está…
¡Cuánta sabiduría en las palabras de ese niño!… Jesús… y a nosotros se nos hace tan difícil creer que Tú estás presente en la Eucaristía… Me acuerdo hace unos años, cuando empezaba a buscar de Ti, que se me hacía tan difícil tener conciencia de que Tú estabas allí, en el sagrario… y entraba a la Iglesia, o a la Capilla, y después de estar un rato me acordaba que ni siquiera te había saludado… entonces fue cuando comencé a pedirte que me ayudaras y me permitieras “verte” en el sagrario… pasaron las semanas y los meses… y no recuerdo bien cuando fue, pero sé que empecé a buscarte con la vista cada vez que entraba a una Iglesia… entraba y buscaba el pequeño sagrario para saludarte y darte las gracias por estar allí…
Gracias Señor, por el don de la fe… y gracias por el privilegio de encontrarme cara a cara contigo cada semana… en el Santísimo en Santa Rosalía… en el Sagrario de la Iglesia al lado del CEDOC… y durante la Santa Misa… Gracias Señor, porque sé que me has concedido un privilegio que no merezco… yo sólo soy un pobre pecador… y Tú, mi Señor y mi Dios, te complaces en recibirme y mostrarme el Amor inmenso que nos tienes…
Jesús… ¿sabes?… hoy pensaba que son muchas las cosas que has puesto en mis manos… la Hoja Parroquial… las clases de CEDOC y de Istepa… las dos páginas web… además del Grupo de Apoyo y la participación en el Sínodo… pero entre “tanto hacer”, es poco el tiempo que encuentro para hacer oración profunda… recuerdo al principio, cuando no “hacía tanto”, que pasaba más tiempo contigo…
¿Sabes?, a veces me pregunto si verdaderamente estoy haciendo Tu Voluntad… Sí, sé que hay pocas manos que te ayuden y que el trabajo hay que hacerlo… también sé que conversamos durante el día y cuando voy en el carro… pero extraño aquellas noches cuando sobraba el tiempo y podía pasar dos horas rezando un Rosario… deteniéndome en cada Misterio y sumergiéndome en él… saboreando cada Padrenuestro y cada Avemaría… Señor… no quiero pedirte que me quites las cargas… pero ayúdame a encontrar el tiempo para hacer más y mejor oración… necesito poder llenarme de Ti para poder llevarte a otros…
Ves lo que te digo… iba a escribirte algo corto antes de acostarme y mira todo lo que he escrito… es por esto que necesito pasar más tiempo contigo… pero al menos ahora me siento mejor… gracias por escucharme… seguimos hablando mañana…




