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Gracias por un día maravilloso…

Sunday, September 17th, 2006

Mi amado Jesús… ¡cuánta gracias derramaste le día de ayer!… ¡cuántas bendiciones!… ¡Señor, de verdad no puedo agradecerte lo suficiente!

En la mañana estuvimos en la Misa Inaugural del Sínodo… ¡cuánta gente había!… estaba el arzobispo, Monseñor Roberto González, con los seis obispos… el cardenal y un representante del Papa… además de un mar de sacerdotes, diáconos y religiosos/as… y que decir del pueblo, la catedral estaba repleta… los sinodales nada más éramos cerca de 500…

Sabes que no pudimos “ver” la Misa, porque cuando llegamos a la catedral ya todo estaba lleno… pero nos guardaste un espacio en una esquinita y allí nos pudimos acomodar… y ¡cuánto calor hacía!… pero, Señor, ni la incomodidad, ni el calor podían impedir recibir todo el amor que Tú derramabas sobre los que estaban allí… Irene me dijo que me grabó un CD con todas las fotos que tomó… espero poder ponerlas pronto en tengoseddeti.org

Jesús, nos gustó ver a Padre Basilio, aunque fuera de lejos… Cuando salimos lo estuvimos buscando, pero parece que ya se había marchado… Te pido por él… y por su nueva parroquia…

Señor… como si todo lo que recibimos en la mañana hubiera sido poco, en la noche fuimos a la actividad que había en la Parroquia de los Sagrados Corazones… la Misa, como siempre, estuvo preciosa… Cuando terminó, había un grupo muy grande de jóvenes que habían llegado para adorarte en el Santísimo… pero Señor, te confieso que me dio algo de tristeza… al finalizar la Misa, el diácono invitó a quedarse a la adoración… fueron muy poquitos, Señor, los que se quedaron… Tú, el Rey de reyes y Señor de señores… el Hijo de Dios venía para estar unas horas con nosotros y muchos no fueron capaces de quedarse un rato contigo… en mi corazón escuchaba las palabras que le dijiste a Pedro en Getsemaní cuando encontraste a los discípulos dormidos,

«¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.»

Presumimos de creer en Ti… de ir a recibir Tu Cuerpo y Tu Sangre… nos creemos “buenos” y hasta pensamos que somos “merecedores” de Tu Amor… más, sin embargo, que poco estamos dispuestos a darte… queremos que Tú nos sanes de nuestras enfermedades… nos ayudes en nuestros problemas… nos protejas contra el mal… pero que poco ponemos de nuestra parte… te ruego, por tu infinita Misericordia, que no les tomes a mal el que se hayan ido… Tú sabes que fue por desconocimiento… o por una falta de fe en Tu Presencia en la Eucaristía… te ruego que renueves esos corazones… ilumina a aquellos que aún no han tenido un encuentro verdadero contigo… y fortalece la fe de los que tienen dudas… y pon en todos un deseo profundo de ir a encontrase contigo, el Dios Vivo que espera por su pueblo…

Pero ¡cuántas bendiciones derramaste sobre los que se quedaron y todo los jóvenes que vinieron a la adoración!… especialmente, cuando te paseaste entre la asamblea… Iván, el diácono, te iba llevando y se detenía en todos aquellos que Tú ponías en su corazón… e ibas sanando, fortaleciendo, limpiando, amando… Señor, no hubo nadie que no recibiera algo de Ti…

Lo único que siento es que Irene no pudo ir… por eso quiero presentártela ahora… Tú, mejor que nadie, sabes los problemas y situaciones en su casa… la enfermedad de su mamá y la condición de su hermano… sabes que la mayor parte de esa carga recae sobre ella… y Señor, Irene no se queja, pero Tú sabes que ella está agotada por esta carga… te ruego, mi Señor y mi Dios, que pongas Tu Paz en su corazón… ayúdala a encontrarse contigo en medio de esta prueba… fortalécela… y que, cuando sienta cansancio, sienta también Tu Mano sosteniéndola y guiándola… yo sé que Tú estás con ella siempre… pero te ruego, déjaselo ver… que pueda sentir Tu Amor en su corazón…

Señor, de nuevo… ¡gracias por un día maravilloso!…

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