¡Qué delicia es tu Morada!
¡Qué delicia es tu Morada!
Señor, mi aliento se consume
anhelando los atrios del Señor;
mi corazón y mi carne
exultan por el Dios vivo.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa,
y la golondrina un nido…
un nido donde colocar sus polluelos.
¡Ah, tus altares!
Señor, Rey mío y Dios mío.¡Dichosos los que habitan en tu Casa,
alabándote siempre!
¡Dichoso el que saca de ti fuerza,
el que saca de ti fuerzas
cuando proyecta su peregrinación!
Atravesando desiertos
y lo transforma en manantial,
y la lluvia lo cubre…
Camina de baluarte en baluarte
hasta verte a Ti, en Sión.Señor, Dios, escucha mi súplica,
Atiéndeme,
mira el rostro de tu ungido.
Vale más un día en tus atrios
que mil en mi casa;
Tú eres, Señor, sol y escudo;
me concedes tu favor y tu gloria,
Tú, no me negarás tus bienes…
Señor, ¡dichoso el hombre que confía en ti!
¡Dichoso el hombre que confía en ti!
Versión libre del Salmo 84 (83),
¡Que delicia es Tu Morada!,
de la Hermana Glenda
Señor, este salmo es el canto de alabanza de un peregrino que llega al Templo de Sión, Tu Morada… Aquí, el salmista evoca su necesidad de encontrarse contigo… ¡tiene sed de Ti!… del Dios Vivo… sed que lo trajo hasta el Santuario donde Tú habitas… y se siente dichoso de encontrase en Tu Casa, contigo…
Señor… quise comenzar mi oración con este salmo, porque hoy yo soy ese peregrino… ese peregrino que ha llegado a Tu Morada… al Santuario donde Tú habitas… y no puedo más que darte gracias… gracias de todo corazón por permitirme acercarme a Ti… ¡un pecador como yo!… ante Ti… y Tú, mi Señor y mi Dios… mirándome desde Tu Altar…
Gracias, Señor, por el tiempo que pase contigo en la Capilla Santa Rosalía… yo sé que Tú estás allí, en la custodia… lo sé con mi intelecto y lo siento en mi corazón… pero hoy, hoy fue distinto, diferente… hoy fue más que sentirte… ¡Tú estabas allí, vivo… mirándome… escuchándome… hablándome… amándome!…
Por eso, esta noche quiero alabarte, bendecirte, glorificarte… y darte gracias, mi Señor… ¡Dichoso el hombre que confía en Ti!




