Si no tengo caridad, nada soy…
Señor… hace unos días que no te escribía y aunque hablo contigo continuamente, me había propuesto recoger alguna de las conversaciones que tenemos durante el día para dejarla aquí en “a los pies de la Cruz”… Te ruego que me perdones por mi falta de constancia y compromiso… sé que sólo toma un momento escribir algunas líneas… y que no importa cuanto trabajo tenga o lo cansado que pueda estar, no cuesta nada separar unos minutos para Ti… te prometo poner más empeño en cumplir con este diario…
¿Sabes?… esta mañana seguía pensando en las palabras que Iván nos decía el miércoles en el grupo de oración… él tiene mucha razón en lo que dijo, es importante vivir nuestra vida “en la caridad”… pero no una caridad de limosna, sino de justicia… de dar a los otros lo que verdadera y cristianamente les corresponde…
Es interesante como a veces pensamos que la justicia y la caridad son incompatibles, o al menos, que es difícil armonizarlos en una misma respuesta… por eso quiero agradecerte la claridad con la que él lo expuso cuando utilizó el ejemplo de la “justicia” con la que una madre reprende o atiende los reclamos de un hijo… esa justicia que se practica en la caridad es la justicia de Dios… y es la misma justicia que todos estamos llamados a poner en práctica en nuestras vidas…
Esta mañana, mientras pensaba en esto, recordé las palabras de San Pablo a los Corintios:
«Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy. Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha.
La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia. Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía. Cuando vendrá lo perfecto, desaparecerá lo parcial.
Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño. Ahora vemos en un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré como soy conocido. Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad.»
1 Corintios 13
«Si no tengo caridad, nada soy»… ¡cuánta sabiduría en esta pequeña frase!… ¡cuánta humildad!… Si no tengo caridad – si no obro con misericordia, compadeciéndome de la necesidad (física o espiritual) de mis hermanos, poniendo mi empeño y recursos por aliviar sus cargas – entonces, nada soy…
Señor… a veces pensamos que somos “buenos” porque hacemos mucho… nos envolvemos en muchos apostolados u obras de caridad… vamos a Misa diaria… y rezamos muchos Rosarios… sin embargo, todo eso que hacemos, ¿con cuánto amor los hacemos?… Si no lo hacemos con una sonrisa en los labios y gozo en el corazón, si no ponemos en ello toda nuestra alma, entonces nuestro esfuerzo es en vano… la vida del cristiano no es “hacer mucho”, sino “amar mucho”…
Perdóname, mi Señor y mi Dios, por mi falta de amor hacia Ti y hacia mi prójimo… por mi falta de caridad al juzgar o hablar de mis hermanos… por los momentos que me he hecho el ciego o el sordo para no afrontar las miserias y necesidades de mi prójimo… por a veces ser lento en perdonar y pronto a criticar… por las ocasiones en que me he creído “mejor” sólo porque te he ofrecido alguna fatiga…
Ayúdame, mi buen Jesús, a reconocerte en el rostro de mi hermano… en su necesidad… en su dolor… en su miseria… ayúdame a poder verte en todo y en todos… y habiéndote visto y reconocido, ayúdame a amarte “con todo mi corazón, con toda mi alma, con todas mis fuerzas”…






