quinto día… por las almas de los hermanos separados
Padre Eterno y Misericordioso… Esta tarde traigo ante tu presencia a todos nuestros hermanos separados… Aquellos que por desconocimiento, ingenuidad o pereza se han apartado de la doctrina que Jesús confió a sus apóstoles, para seguir doctrinas más fáciles y llevaderas… Aquellos que por envidia, ambición o soberbia han cerrado sus corazones a la dirección del Espíritu Santo y han elegido seguir otro camino distinto al de Tu Iglesia… Padre Amado, que como hijos pródigos sientan en sus corazones el deseo de regresar de nuevo a tus brazos…
Pero en especial quiero pedirte por aquellos que a conciencia de su error, calumnian y deshonran Tu Iglesia, Tu Palabra, Tus santos y Tus sacerdotes… Te ruego, Padre, derrama sobre ellos el Espíritu de Verdad… para que con un corazón humilde puedan ver sus faltas y deseen retornar a Tu Casa…
Hoy, tráeme a las almas de los hermanos separados y sumérgelas en el mar de mi misericordia. Durante mi amarga pasión, desgarraron mi cuerpo y mi Corazón, es decir, mi Iglesia. Según regresan a la Iglesia, mis llagas cicatrizan y de este modo alivian mi pasión.
Jesús Misericordiosísimo que eres la bondad misma, Tú no niegas la luz a quienes te la piden. Acoge en la morada de tu compasivísimo corazón a las almas de nuestros hermanos separados y llévalas con tu luz a la unidad con la Iglesia y no las dejes escapar de la morada de tu compasivísimo Corazón, sino haz que también ellas glorifiquen la generosidad de tu misericordia.
Padre Eterno, mira con misericordia a las almas de nuestros hermanos separados, especialmente a aquellos que han malgastado tus bendiciones y han abusado de tus gracias por persistir obstinadamente en sus errores. No mires sus errores sino el amor de tu Hijo y su amarga pasión que sufrió por ellos, ya que también ellos están encerrados en el compasivísimo Corazón de Jesús. Haz que también ellos glorifiquen tu gran misericordia por los siglos de los siglos. Amén.
Coronilla a la Divina Misericordia
Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo… como propiciación de nuestros pecados y los pecados del mundo entero.
Por su dolorosa Pasión…
ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
Jesús… Tú que oraste al Padre pidiéndole que todos fuéramos uno, como Tú y Él son uno, pon en el corazón de todos los cristianos el deseo de unidad… Envía al Espíritu Santo a sanar a tus pastores, ministros y sacerdotes… sana sus corazones del egoísmo, la envidia, el orgullo, la soberbia… y pon en su lugar un corazón compasivo, manso y humilde como el Tuyo… para que busquen en todo momento zanjar sus diferencias y buscar el camino de la Paz… ¡Jesús, yo confío en Ti!




