Gracias… por llamarme a servirte
Señor, Padre Bueno… Hoy doy inicio a este nuevo proyecto, a esta nueva encomienda que pones en mis manos… y lo hago, Señor, si entender claramente que es lo que Tú esperas de mí, pero confiado en que Tú me guiarás para que este blog dé los frutos que Tú deseas…
Hoy quiero comenzar “a los pies de la Cruz” dándote gracias, Señor… Gracias por el don de la vida y el deseo de vivirla… de vivirla contigo y para ti… Gracias por mi esposa… por mi hijo… por mis padres… por toda mi familia… Gracias por mis amigos y por mis compañeros de trabajo… y gracias por todas esas personas que día a día pones de alguna manera en mi camino…
Gracias por los momentos de alegría y todos los logros alcanzados… pero más aún, gracias por los momentos de prueba… por las tristezas y las dificultades… porque ha sido por esos momentos que volteé mi rostro hacia ti… y allí estabas… esperándome para consolarme y brindarme tu amor…
Quiero darte gracias también, por todos los favores que me has concedido a través de los años… por todas las gracias que has derramado – y sigues derramando – sobre mí y sobre todos aquellos que amo… Gracias por tu misericordia y tu perdón, por tu bondad y paciencia para conmigo… porque siempre tienes tus brazos abiertos y vuelves a recibirme, si en mi debilidad caigo y me alejo de ti…
Gracias por haberme llamado a servirte… en la parroquia, en Santa Rosalía, en el grupo de oración, en “tengoseddeti.org”… y de tantas otras maneras que sólo Tú conoces… Sé que esto es un privilegio que no merezco… y si algo logro alcanzar, sé que no es por mí, sino sólo por tu gracia que todo lo puede…
Gracias también por todas esas personas que me escriben buscando una palabra de apoyo o de consuelo, por aquellas que están necesitadas de una oración, o que sencillamente buscan alguien que les hable de ti… No sé porque las traes a mi puerta, a donde un pecador indigno como yo… pero gracias, Señor, porque pones tus palabras en mis labios y me permites ser instrumento tuyo…
Señor, sé que no merezco nada de lo mucho que me das… ¡tanto amor!… y yo no tengo nada que ofrecerte… sólo esta vida insignificante e indigna… Te ruego, Padre Santo, que pongas en mi corazón el deseo de ser mejor cada día… Ayúdame a crecer en humildad, mansedumbre, obediencia y fidelidad a ti… Que cada día te ame más… te busque más… te espere más… y pueda abandonarme más en ti…
Te amo, Señor… y sólo deseo estar a tus pies, como el más humilde e insignificante de tus siervos… para hacer tu voluntad…
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo…
Amén




